Carlos Eduardo Valenzuela Oviedo
Asesor en Seguridad Corporativa
Durante mucho tiempo, la imagen del crimen estuvo asociada especialmente a la persecución de ladrones, mafias o narcotraficantes que representan la existencia de delitos de alto impacto para la sociedad; sin embargo, con el paso de los años este escenario ha cambiado significativamente en la medida en que los delitos han mutado de manera profunda afectando de diversas formas la existencia y el desarrollo operativo de entornos de carácter privado. Bajo este esquema, es posible indicar que la criminología—tradicionalmente enfocada en las calles— ha encontrado un nuevo laboratorio de estudio en las empresas, corporaciones y organizaciones, donde se cometen delitos silenciosos, planificados, con un impacto económico y social devastador.
Con el propósito de avanzar en este tema, es necesario indicar que la criminología corporativa es una rama aplicada de la criminología que analiza el comportamiento delictivo dentro del entorno empresarial, mientras que el enfoque de la seguridad corporativa se establece como el escenario que permite la adopción de medidas de disuasión, detección, demora y respuesta ante cualquier intento de afectar los activos de las empresas.
¿Por qué las empresas se convirtieron en el nuevo escenario del crimen?
En la era digital y globalizada, las corporaciones manejan más información que algunos gobiernos, convirtiéndolas en blancos y, muchas veces, en escenarios donde nacen y se desarrollan delitos internos que afectan de manera profunda las operaciones de las empresas que con mucho esfuerzo han logrado el posicionamiento en diferentes mercados. En este sentido, es posible comprender esta dinámica a partir de la existencia de los siguientes factores clave:
- Digitalización acelerada: los delitos ya no requieren presencia física hecho a partir del cual es posible advertir cómo el ciberdelito corporativo permite robar millones en segundos.
- Presión por resultados: los objetivos financieros agresivos pueden empujar a empleados o directivos a falsificar datos o cometer fraudes e incluso la existencia de entornos corporativos salvajes y situaciones personales crean situaciones a partir de las cuales sus propios empleados crean comportamientos que van en contra de la misma organización.
- Falta de controles éticos: cuando el cumplimiento se presenta como un escenario puramente formalista que no implica la creación de escenarios que permitan regular las acciones de los integrantes de la organización, el riesgo de registrar algún hecho de afectación se multiplica.
- Globalización del crimen: el desarrollo constante de redes criminales, aprovechan lagunas legales nacionales e internacionales para el desarrollo de actividades ilícitas, aprovechando en gran medida el desinterés de las organizaciones por establecer medidas efectivas de control y disuasión de hechos ilícitos al interior de las organizaciones.
El rostro invisible del crimen: del fraude al abuso de poder
En el ámbito corporativo, el delito rara vez se comete a través del uso de violencia física, hecho que marca la adopción de acciones orientadas en gran medida al desarrollo de hechos que emergen de la manipulación, el engaño y el abuso de confianza, además del aprovechamiento de las brechas en seguridad que son identificadas rápidamente por personas a nivel interno o externo, contexto que marca la materialización de los siguientes comportamientos ilícitos al interior de las empresas:
- Fraude contable y financiero: a través de la alteración de cifras para mostrar rentabilidad o esconder pérdidas e incluso para desviar recursos.
- Corrupción y soborno: representada en la compra de decisiones, el desarrollo de licitaciones amañadas y pagos ilegales a funcionarios con el objetivo de obtener intereses particulares.
- Ciberespionaje: relacionado con el robo de propiedad intelectual o datos confidenciales, que pueden ser obtenidos a través de acciones de intervención física o lógica.
- Abuso de poder: presencia de situaciones de acoso, coerción o manipulación interna para beneficio personal o de un grupo específico.
Lo interesante es que, en muchos casos, el delincuente corporativo no se percibe a sí mismo como criminal, debido a que tiene la convicción que solo está “haciendo lo necesario” para cumplir metas o proteger la empresa. Esa autojustificación es precisamente lo que la criminología y la seguridad corporativa busca descifrar.
Del delito al aprendizaje: el papel de la prevención
La prevención corporativa no se logra solo con cámaras, guardas o firewalls, sino que requiere el desarrollo integral y profundo a través de la implementación de una cultura organizacional ética, además de la consolidación de estrategias de prevención y disuasión (desde modelos de seguridad ambiental y estrategias de protección en capas) que minimicen la posibilidad de actuación por parte de sectores o personas que tienen como interés la afectación a la organización.
En este sentido, es necesario considerar la adopción de una estrategia soportada a través del desarrollo de acciones enmarcadas en tres pilares fundamentales:
- Educación y conciencia: se presenta como un elemento de gran impacto al interior de las organizaciones, orientado a enseñar a empleados y directivos cómo identificar comportamientos de riesgo y en determinado momento las maneras de denunciar cualquier entorno que presente signos de desviación.
En este sentido se recomienda que al interior de las empresas se establezcan modelos de recolección de información a través de líneas éticas o modelos de comunicación que faciliten la identificación de situaciones de riesgo.
- Sistemas de control transparentes: es importante establecer políticas de denuncia, así como el desarrollo de auditorías éticas y evaluación de riesgos constante, facilitando la identificación de eventos que indiquen operaciones sospechosas.
En materia de seguridad corporativa, el desarrollo de un modelo de protección por capas efectivo facilita el desarrollo de un escenario de disuasión para las personas interesadas en llevar a cabo acciones de violación a las instalaciones, protegiendo de esta forma los activos físicos y lógicos que pueden ser objeto de intervención o acceso.
- Liderazgo ejemplar: cuando la alta dirección predica con el ejemplo, los niveles de riesgo disminuyen drásticamente; de igual forma, la identificación de hechos de afectación y la toma de decisiones objetiva y oportuna facilitan la creación de un halo de protección interno que difícilmente puede volver a ser violado.
Hoy, las empresas más exitosas no son las que “no tienen delitos”, sino las que aprenden de ellos y fortalecen sus defensas internas.
